
Abróchense los cinturones, fÃjense en las puertas de emergencia, las chaquetas salvavidas caerán de arriba, pónganse las máscaras de oxÃgeno. Eso es, las suyas primero, luego las de los niños. Hagamos caso a los azafatas. Pensemos primero en nosotros mismos. Es la única manera de viajar con niños.
Si estás en Barcelona, ¿a que no te mola mucho la idea de ir al parque de atracciones del Tibidabo? No te gustan los parques temáticos, asà que incluso el Poble Espanyol sólo servirá para ponerte de mal humor. ¿A que s� Y eso es peor para los niños, ¿no? ¿Tan mala madre soy por pensar que hay suficiente magia en el mundo de Gaud� Por cierto, vete diciendo a tu hijo de 4 años que el “modernisme� no es lo mismo que modernidad. Nunca es pronto.
El edificio de ladrillo y hierro que aloja el Museo Tà pies es un “modernisme� menos mágico, pero prometo que el enredo de alambres que flota sobre el tejado, un ejemplo de diseño barcelonés del fin de milenio, es una escultura que encanta a cualquier niño. Asà que de Camp Nou no digas nada. No hace falta. ¿Tan mala madre soy por no haber llevado a mis hijos a ver a Copito de nieve mientras estaba vivo? No hizo falta.
Por cierto, hay gente de aquÃ, cuando van a visitar Madrid, consideran imprescindible llevar a sus pequeños al zoo. ¿Acaso sea más importante que el Prado? Yo de motu propio nunca fui a un zoo, asà que estando de viaje jamás llevarÃa a mi hijo a un zoo, a menos que me encuentre en BerlÃn y leyendo BERLÃ?N NOIR, y el detective haya quedado con su informante en el zoo de BerlÃn.
Tampoco entiendo que ParÃs y EuroDisney (o como se llame ahora) se pronuncien en la misma oración. Que conste, yo anti-Disney no soy. SerÃa ridÃculo no reconocer el genio de Disney. Disneylandia me encanta, ¿de acuerdo? Pero en Anaheim y Orlando, jamás en ParÃs. Antes llevarÃa mi prole al jardÃn y estanque de nenúfares de Monet en Giverny. El Centro Pompidou en sà es un Lego gigantesco y tu peque sale de él sabiendo identificar, ya para siempre, un cuadro de Gris. Meses después vais por la calle y de pronto te dice, ¡mira esa mujer, parece un Modigliani! ¡Qué alegrÃa! Todo porque en su dÃa hiciste lo que tú misma querÃas.
¿Consejos? Dales algo relevante para leer. Haz que dibujen, escriban y peguen cosas en un cuaderno de viajes. Déjales enviar postales a sus amigos. Gruñeles cuando se pongan pesados. Dales vinagre cuando tengan sed por enésima vez. Pero lo más importante, persigue tus propios intereses y aficiones. Ellos se beneficiarán mucho de los conocimientos y perspicacias que eso conlleva, y ellos se beneficiarán de tu buen humor.
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Publicado en http://www.weeklyletter.com con fecha 2006-09-07 12:00:00 +0200
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