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La palabrota
por Gina Cariño

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Enviado por Gina Cariño
Me pasó algo a los 6 años que jamás he podido olvidar.

La que se columpiaba me vio acercar y gritó avisando a su amiga, que se pegó una carrera hacia el columpio vacío. Resignada me agarré al poste e hice de espectadora.

Martina, dale a la chinita una oportunidad dijo una voz adulta desde un banco detrás mío. Martina hizo una mueca y siguió columpiándose.

Busqué el origen de la voz pero ya no nos miraba nadie. Se había reanudado la cháchara de señoras. Pensé en mi madre, que nunca parloteaba con otras madres en los parques, parques que ni pisaba.

Quedó libre un balancín. Me sentaría en medio y me concentraría en buscar el equilibrio. De nuevo se me adelantaron, esta vez con un sonoro “Africanos fuera�.

Martina y su amiga subían y bajaban, las playeras de la primera enviándome a la cara una nube de polvo. Miré mis rojos zapatos de charol hecho ahora mate.

¡A comer, Martina! ¡Y deja a la pobre japonesita en paz!

Todos los niños se precipitaron hacia los bancos y hubo un despliegue general de panes, quesos y fiambres. Me gruñó el estómago. Pensé en mi madre, que nunca llevaba comida encima.

Sin terminar de masticar, los niños no tardaron en reclamar los columpios y balancines. Me dirigí a la estructura de barras que en inglés llamaba jungle gym o monkey bar. Llevaba falda pero no había nadie cerca.

Colocándome sobre una barra alta y céntrica, rompí la bolsa de papel que Irene me había puesto en la mano tras abotonarme la rebeca blanca. Saqué un plátano Chiquita y lo pelé a medias.

Mascaba un primer gran trozo de banana insípida cuando se me reapareció la sonrisita de Martina dos cuadrados delante.

_Affe_ me siseó. Estaba haciéndome una visita en la jungla de monos. Me sacó la lengua. Hice una arcada.

Cegada por una espesa lente líquida, no vi cómo mi madre volvía a su nuevo Escarabajo rojo y reluciente aparcado frente al parque.

 ¡Gina! ¡He terminado! !Podemos irnos!

A través de la cortina lacrimosa pude vislumbrar el giro de una cabecita y una carita que se quedó boquiabierta. Y allí, más lejos, discerní un par de pantorrillas perfectas y tobillos finísimos sobre un par de delicados zapatos de talón abierto. Distinguí una cintura menuda, una negra melena que formaba desenfadadas ondas sobre los hombros. Ella sí que era muy mona.

Solté la fruta y bajé lo mejor que podía. Alcanzando el Volkswagen, de un rojo brillante como habían sido mis zapatos, olí el Blue Grass.

¿Lloras? ¿No ves cómo no he tardado? ¿Pero no te dije que no te metieras en el cajón de arena? ¡Si vamos a merendar con las visitas de Daddy en el Hotel Vierjahreszeiten!

Sonaba a terreno seguro y Selva Negra cubierta de nata montada.

Me metí en el coche, consciente de ser observada. Su obsesión la hacía mía. Miré. Colgaba de la barra de un brazo, oscilando.

Camino al Jungfernstieg, bajé el espejito del parasol. Empujé la punta de mi lengua por el hueco elástico que queda entre mi encía y mi labio superiores, y cogí postura y demás ademanes simiescos, arrascándome el ombligo. U-u-u.

Fue un segundo. Ahora me esperaba una tarta.

Esta weekly letter está archivada con las siguientes etiquetas: niños  parques  racismo  crueldad_infantil  xenofobia 
3 comentarios en La palabrota

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Miren_cut_5055
Re: La palabrota por Miren

¡Buen artículo, Gina!
Quería comentar un par de cositas sobre esto del “bullying” que ahora está tan de moda.
Yo recuerdo mi época de colegio como una época feliz. Claro, había peleas, había chicos que te pegaban en el culo, había chicas que te tiraban del pelo… ¿Era bullying? No lo sé, pero era parte del colegio.
Con esto no quiero decir que no haya un límite. Hay casos en los que necesitamos que bien personal del centro, o bien agentes externos, tomen cartas en el asunto, ¡claro que sí!
Pero también creo que debemos dejar que nuestros pequeños crezcan y desarrollen sus propios mecanismos de defensa. Sobreprotegerlos me parece una actitud tan grave como la desprotección.

Ginaclose
Re: La palabrota por Gina

Es verdad. Todo forma parte de la niñez. Este incidente puntual apenas se puede llamar “bullying”. Yo no le dije nada a mi madre. Si me hubieran protegido, me habría hecho ñoña para toda la vida. Si yo tuviera ahora dos hijos de la misma edad y si uno fuera “bully” y el otro “bullied”, me preocuparía más por el “bully”, centraría mis esfuerzos en hacerle ver que a él también se le podría maltratar…

Silueta
Re: La palabrota por Carlos

Buena, dura y perecedera experiencia Gina. Cuando tenemos menos de 10 años PEDIMOS DE MARAVILLA (hasta que lo conseguimos), EXIGIMOS todo (hasta que nos convertimos en pesados) y DECIMOS LAS COSAS COMO SEAN sin pensar (hasta que nos hacen lo mismo a nosotros). Es la crueldad de los niños. Hay una mezcla crueldad sin llegar a “Bullying”.
Otra cosa es cuando los comentarios vienen más de personas adultas, ..., lo de japonesita, chinita, negrita, ..., es casi tan estúpido como lo de gordito, mocoso, el delgado, el de las orejas de soplillo, de un adulto simplemente una estupidez. Como serían ellas (las madres que se referian a ti de esa forma.

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Publicado en http://www.weeklyletter.com con fecha 2006-10-05 12:00:00 +0200

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