
Jamás discernerÃa a Lauren Bacall desde dentro de una muchedumbre marujona y chirriante aparcada fuera del Hotel MarÃa Cristina durante el Festival de Cine de San Sebastián. Esa manera de ver en persona a personas famosas no vale. Tampoco vale haberla visto actuar en Broadway en los años 80. Este artÃculo trata del acto de ver a famosos cuando no tienen la intención de ser vistos. Se trata de pillar a personajes públicos en un momento privado.
Pero tampoco vale haberla visto desde la otra acera según entraba en Dakota Mansions, ese edificio que da miedo donde vive y donde también vivió John Lennon (vi a Bacall en el mismÃsimo sitio donde mataron a Lennon). La proximidad es esencial. Para rozar con la fama, tienes que tener al famoso muy cerca.
James Mason (¡vaya grandullón!) estuvo en la mesa de al lado en Café San MartÃn, un restaurante español. Walt Frazier de los New York Knicks (¡vaya gigante!) bailó a mi lado en Adam’s Apple, una discoteca. Al Pacino (¡qué pequeño!) cruzó conmigo la avenida Madison. Pero no me miraron. Un roce de fama requiere contacto visual.
Un vecino y yo intercambiamos miradas en el ascensor. Como yo pasaba del tenis, no sabÃa que era el VIP que ocupaba el piso privilegiado de la última planta. Me lo dijo el conserje. Era Ivan Lendl!
Puede haber contacto fÃsico. Salà de la tienda Hallmark, en la Quinta Avenida, justo al entrar una mujer alta y regia. Hubo un breve cruce de miradas. Casi le digo hola. Me sonó pero no caÃ. ¿Era alguna conocida de mis padres? Después me di cuenta. ¡La Reina de España! Como nuestras mangas se habÃan tocado, aquello fue literalmente un roce con la fama.
Pero no. Un verdadero roce con la fama requiere algún intercambio verbal. También en la Quinta Avenida pero más arriba, mi hermana de 10 años salió del colegio y siguió a una mujer alta y elegante que vivÃa a un par de manzanas de allÃ. “Perdón, ¿es usted la señora Jacqueline Bouvier Kennedy Onassis?â€? Jackie sonrió y dijo: “Asà es, pero no hace falta decir todo esoâ€?.
Más encuentros de ascensor. Mi padre, aficionado a pelÃculas sobre la Segunda Guerra Mundial, entró en uno y dijo: “Buenas tardes, Generalâ€?. “Buenas tardesâ€?—contestó Gregory Peck, que habÃa hecho el papel de Douglas MacArthur. Yo le habrÃa llamado Atticus (protagonista de Matar a un risueñor).
Me encantaba Halloween en Nueva York. AllÃ, lo de “truco o tratoâ€? se hacÃa en el interior y verticalmente. En lugar de ir de casa en casa por las calles, se iba de planta en planta en ascensores y escaleras. Y me gustaba tener una vista fugaz de los pisos. A veces no tan fugaz. Un hombre muy alto y grandullón, de postura repatingada y mirada inquietantemente familiar, nos invitó a entrar en un oscuro vestÃbulo lleno de velas y objetos de miedo. En el centro habÃa una mesa repleta de dulces de lo más exquisito—un auténtico bufé de golosos. “Servirosâ€?—dijo Donald Sutherland. ¿Dónde andarÃa Kiefer?
!Feliz Halloween! Ahora te toca. Cuéntame un roce con la fama. Acuérdate de los criterios: momento privado, cercanÃa, intercambio de mirada y palabra. Si fue a más, ya no se puede considerar un mero roce. No vale.
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Publicado en http://www.weeklyletter.com con fecha 2006-10-26 12:00:00 +0200
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¡Bonito artÃculo, Gina!
Yo todavÃa recuerdo el año en el que vi a Keanu Reeves en San Sebastián. Vino a presentar Un Paseo por las Nubes, con Aitana Sánchez Gijón y Anthony Queen.
Me acuerdo que vinimos a la “capi” una amiga y yo. La verdad es que no fue un roce con la fama casual, vinimos a buscarlo… asà que, me imagino que eso no vale, ¿no?
Roce o no, casual o buscado… ¡Keanu estaba guapÃsimo!
¡Ja, ja, ja!
:-) !!
He votado a Scarlett, pero Rupert también es una buena opción…
:-) !!
¿Creéis que si gana la encuesta Scarlett, vendrá a visitarnos (como en los
Oscar)? :-)
Creo que Anaïs vio a Gael GarcÃa Bernal en la playa pero no nos cuenta nada.
¡_Eso_ es un roce!