
Yo no esquÃo. Sà no esquÃas en Andorra, cualquier dÃa de invierno tienes el paÃs entero para ti. El sábado, mi plan era ver La Massana y sus alrededores. Maggy, mi perro (bueno, es hembra pero “mi perraâ€? suena un poco mal), y yo salimos del hotel a las 9 y media, abandonados por nuestros queridos esquiadores. Para las 10, ya habÃamos visto el pueblo y tomado un salado Vichy Catalan. ¿Ahora qué? Fuimos a comprar llonganissa y bull. Anduvimos hasta los extremos del pueblo, hasta sitios en los que creo que no debÃamos andar, buscando algún tesoro arquitectónico escondido. No encontramos nada.
En mi plano, vi un barrio en el monte que estaba detrás y encima del hotel, El Pui. Decidà subir ese monte con Maggy, a su pesar, y ver la iglesia marcada tan claramente en el plano. Llegamos a un conjunto de casas y, suponiendo que éste era el barrio marcado en el plano, buscamos una iglesia. Dimos varias vueltas, yo totalmente confundido y Maggy cada vez más mosqueada, hasta que por fin vimos la campana. Era una pequeña campana encima de un edificio diminuto que yo habÃa tomado por cobertizo. Miré por la ventana y dentro de ese templo en miniatura, habÃa un altar. Efectivamente, ésta era mi iglesia. Misión cumplida, bajamos. Eran las 12.
Para mi excursión de mediodÃa a Pal, actractivÃsimo pueblo, según andorra.ad, decidà dejar a Maggy y coger el bus de la una y media a Pal. El plan era ver el pueblo, comer algo y coger el autobús de las 3 y media para bajar otra vez a La Massana. Perfecto. O hubiera sido perfecto… Pal es el sueño del amante de lo románico. Un sueño de diez minutos. Estaba solo. TenÃa dos horas. En Pal vi a una persona y un gato. La Plaça Major tenÃa un garaje y un grifo haciendo de fuente. Xixerella estaba a dos kilómetros. En vez de esperar dos horas en Pal, decidà andar. Pasé por delante de un restaurante pero me daba vergüenza comer solo. Dios, qué tonto fui. Empecé a bajar por la carretera y justo cuando estaba demasiado lejos para volver y aún lejos del siguiente pueblo, empezó a llover. Los coches me adelantaban a toda pastilla, sus pasajeros riéndose, seguro, mientras yo me calaba. Cuando por fin llegué a Xixerella, ya no me daba vergüenza y estaba dispuesto a ir a cualquier sitio, pagar cualquier precio, comer cualquier cosa, con tal de que pudiera sentarme y secarme. Afortunadamente, habÃa un restaurante y allà me quedé a comer (una taula per a un…) y esperé hasta las 3 y media para coger el autobús.
Llegué ileso a La Massana, mojado, pero ileso. La tarde y el dÃa siguiente los pasamos en Andorra La Vella, donde por lo menos sabÃa que no estarÃa solo en mitad de la montaña. Sitios pendientes: Ordino, Sant Julià de Lòria, Meritxell…
*Véase la Weekly Letter en inglés para fotos de Pal y Xixerella.
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Publicado en http://www.weeklyletter.com con fecha 2007-03-01 12:45:00 +0100
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¿EsquÃas?
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Pobre Wes…perdido en las montañas….jejeje!!! ¡Eso pasa a los que no esquian!
Un poco dramatico pero muy guay.
Muxus!!!
Esto me recuerda a la escena de esqui en Bridget Jones 2, jeje…
Yo solo he intentado esquiar una vez, y no me gusto. Lo mejor de una estacion de esqui es quedarse en el bar con un libro y un caldo.
Para el libro y el caldo, lo mejor es una playa con palmeras y sustituir el caldo por un a cerveza!!! jejejeje…seguramente si insistes te gustara y terminara siendo un autentico vicio como lo es para mi…con wes ya he desistido…!!!
Tomare nota de lo que has dicho, Nacho, pero creo que, considerando donde vivo, el esqui me queda muy lejos y tendre que aprender a hacer surf.
Probé el esqui alpino cerca de Bregenz, Austria y fue humillante. El año siguiente, en una estación suiza llamada Heidilandia, mis queridos esquiadores me dejaron en el bar con un libro (y cerveza, no caldo). El tercer año negocié con ellos. Pensé que podrÃa hacer esquà de fondo. Las cuestas son más cortas y menos empinadas, las caÃdas en teorÃa son más llevaderas, y puedes ir charlando como si estuvieras caminando. Bueno, más o menos. Por mis buenas intenciones me regalaron un traje de esquÃ. Pero no. No me lo he puesto mucho y es difÃcil que me lo ponga muchas más veces. Sea alpino o de fondo, hace frÃo, es un deporte bultoso, y siempre me caeré sin poder levantarme. En cálidas aguas filipinas probé el esquà acuático y allà tampoco pude levantarme, asà que creo que es una cosa general. Entre el esquà y yo no hay vibraciones. Me pasa lo mismo con los perros. La Maggy de la historia es la excepción. Será el único canino en el mundo que me saluda, me viene, me dirige la mirada, me toca la rodilla como dios manda en lugar de gruñirme o ningunearme, y por eso me cae bien y le haré muchos regalos. Y Maggy es torpe esquiando asà que tenemos algo en común.
Mi padre y mi abuelo van al monte casi todos los domingos. Van a montes cercanos. Vuelven para comer. Pero una vez al año quieren ir más lejos y tener todo un fin de semana. Puede ser los Picos de Europa, puede ser los Pirineos. Mi madre y yo nos apuntamos. ¿Qué hacemos allÃ? Si no haces monte, no hay mucho que hacer en un pueblo de montaña de una sola calle. No puedes estar todo el dÃa dando vueltas. La iglesia está cerrada, incluso un domingo. Intentamos subir cuestas y perdernos en la montaña. Entre intentos volvemos al pueblo y entramos en los mismos bares para tomar algo. Leemos, mi madre escribe y tacha, me da la lata, discutimos. Por fin regresan los montañeros manchados de sudor y barro y podemos pensar en una rica cena.
Yo creo que esquiar o te encanta o no te gusta nada. Te tiene que gustar mucho, con lo que cansa y moja y enfrÃa…
Andar por el monte es otra cosa. Si es coger el coche y dar un paseÃto cuando llegues arriba, vale. Pero eso de ponerse las botas y empezar abajo…prefiero dar un paseo por la ciudad.
Y tengo que visitar Heidilandia. Aunque no esquÃe, tengo que decir que he estado…
“Heidi, Heidi, Deine Welt sind die Berge…”
¡Hola!
¡Me he reÃdo mucho con tu artÃculo, Wes!
Yo tengo que confesaros que me encanta tanto ir al monte como esquiar.
Me defiendo encima de las dos tablitas, pero el snow… ¡eso son palabras mayores! :-)
Lo intenté hace dos años… y muy mal…
Lo intenté por segunda vez la semana pasada… ¡y mucho mejor!
Eso sÃ, no me libré del dolor de cuello y el moratón en el… ¡trasero! ¡Je, je!
¡Saludos a todos!