
Nueva York no es sólo Manhattan. La Gran Manzana tiene cinco distritos. Brooklyn es, y siempre ha sido, más cool que Queens, más cercano que Staten Island, más seguro que el Bronx y, como todos ellos, de segunda clase ante Manhattan.
Pero tiene su importancia. Si no se hubiera incorporado al municipio de Nueva York en 1898, hoy sería la quinta ciudad estadounidense en lo que a número de habitantes se refiere. Además, se dice que uno de cada seis americanos (o al menos uno de cada diez) tiene raíces en Brooklyn. En Brooklyn Heights se libró alguna batalla de la Revolución Americana. Y puede que Brooklyn no iguale a Manhattan, pero es desde Brooklyn donde mejor se puede contemplar el espléndido perfil del sur de Manhattan.
En aquella época en la que frecuentábamos Briones, es decir a principios de los 70, Brooklyn se estaba poniendo de moda. Mejor dicho, volvía a ponerse de moda. Como los precios en Manhattan estaban por la nubes, la gente joven iba a Brooklyn a reclamar esas preciosas casas adosadas que los prósperos italianos y judíos construyeron a principios de siglo. De esta manera, zonas como Brooklyn Heights recuperaron su antigua pijería.
Todo esto gracias a los yuppies, pero también gracias a artistas y escritores. En el barrio de Park Slope viven muchos escritores contemporáneos, tales como Jonathan Franzen, Jhumpa Lahiri y Paul Auster, mencionando sólo a los que he leído. Cualquier lector de Paul Auster sabe lo que es sacar al perro a dar un paseo en Prospect Park. Cualquier lector de Paul Auster sabe que Brooklyn es guay y el que no lo sepa no lo es.
De hecho, Brooklyn siempre ha sido un lugar de escritores. Allí se criaron grandes como Norman Mailer, Henry Miller o Joseph Heller, que incluso nació en Brooklyn.
Brooklyn también ha inspirado a escritores. Walt Whitman escribió un gran poema sobre las aguas de Brooklyn. Una novela de Arthur Miller habla del maravilloso puente de Brooklyn.
Y a cineastas como Spike Lee.
Prospect Park será sólo la hermana pequeña de Central Park (ambos parques tienen el mismo padre, el paisajista Frederick Law Olmsted). Y el Museo de Brooklyn que linda con Prospect Park será sólo un hermanito del Museo Metropolitano de Arte que linda con Central Park, pero el de Brooklyn osó presentar unas obras irreverentes de la Galería Saatchi londinense, contra las órdenes del alcalde Giuliani. Y es que Brooklyn es travieso, Brooklyn es guay.
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Publicado en http://www.weeklyletter.com con fecha 2007-04-19 10:00:00 +0200
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Tu articulo, no necesita mis comentarios….habla por si solo!!!
En cuanto a mi experiencia en Coney Island, ese lugar sacado del pasado y al que no hay que dejar de ir cuando uno anda cerca, ese lugar con una mezcla de olores rancios de pescados fritos, algodones de azucar y enormes perritos calientes que la gente del lugar come con ansiedad!!! esas atracciones que solo hemos visto algunos en las peliculas de los sabados por la tarde de nuestra infancia y que pensabamos que eran como del futuro y que se quedaron en el pasado mas lejano…y ademas funcionan!!!
Claro que lo mejor son los estupendos socorristas de pelicula que coronan las torres de salvamento en la playa y que hay que ver de cerca!!!
Yo me lo pase en grande con mi hija de 14 años en un lugar en el que todo puede pasar, descubriendo que el pasado puede ser el presente!!! incluso en los “EEUU DE AMERICA”
besos…
Si, Coney Island! Eso es como los parques de atracciones que salian en Scooby-Doo, verdad?
¡Hola!
¡Me ha encantado tu artículo, Gina!
Estuve en Nueva York hace años, con toda mi familia (¡abuelos incluídos!), y la verdad es que me encantó. A decir verdad, solo pateamos Manhattan… Pasamos por Brooklyn en autobús, y como os imaginaréis, no pudimos apreciar gran cosa… Así que, tengo un viaje pendiente…
Creo que me tengo que aficionar a Paul Auster… ¡no me va a quedar otro remedio! Sabiendo que mis padres son “fans”, y viendo todos vuestros comentarios…
Es una pena que ya haya pasado la “Diada de Sant Jordi”... y yo sin nadie que me haya regalado un libro…
:-)