
Mis recuerdos más tempranos del día de San Patricio se remontan a cuando crecía en Irlanda. Ese día era como un domingo. En la Irlanda lealmente católica, el domingo era el día más importante de la semana. Los domingos solíamos ir a misa y llevar la ropa más limpia. Mi padre se solía levantar un poco antes para asegurar que nuestros zapatos estaban bien limpios para el día. Mi madre estaría – como siempre – en la cocina, preparando la comida del día. La comida de los domingos siempre era carne asada y en días especiales, como el de San Patricio, teníamos cordero asado.
Después del desayuno del día de San Patricio, solíamos salir al jardín detrás de la casa a buscar el trébol (shamrock). En Irlanda era (y sigue siendo) una tradición llevar un poco de trébol pegado al jersey, o en el caso de mi padre, en la solapa de la chaqueta. Conocido como “llevar lo verde”, viene de un cuento en el que San Patricio utilizaba las hojas del trébol para explicar la Santa Trinidad y la existencia de tres personas distintas dentro de un ser. También se dice que expulsó a todas las serpientes de Irlanda. Dicho esto, en realidad las serpientes nunca vivieron en Irlanda y mucha gente cree que este cuento es solo una metáfora de la conversión de los paganos al cristianismo.
El jardín de detrás de la casa estaba muy descuidado y repleto de malas hierbas, flores salvajes, y de grandes rosales espinosos, todo tipo de ranas, sapos e insectos, ¡pero, nada de serpientes! “¡No os ensuciéis la ropa!” gritaba mi madre, cuando salíamos corriendo al jardin. Alguno de nosotros siempre volvía a la cocina, mostrando con orgullo el puñado de tréboles que habíamos encontrado, pero al examinarlo, mi padre decía, “eso no es un trébol propiamente dicho. ¡Eso es un trébol grande (clover)!”, y salíamos corriendo de nuevo al jardín, a buscar el trébol correcto. Yo nunca acertaba. El “shamrock” se parecía bastante al “clover”, solo que este último tenía las hojas más grandes, pero un “clover” pequeño siempre nos podía engañar. Menos mal que mi padre era un experto en el tema.
Una vez que mi madre había quitado el barro de las raíces de los tréboles y los repartía entre nosotros, mi padre nos metía a todos en su Austin 40 azul claro y nos dirigíamos a misa con nuestras brillantes hojas verdes brotando de nuestro pecho. ¡Qué orgullo ser irlandés el día de San Patricio!
De niños, la misa del día de San Patricio era un tema bastante aburrido para nosotros. Sólo queríamos que terminara cuanto antes para poder ir a la calle a ver el evento principal del día, ¡el desfile del día de San Patricio! Hoy en día, el desfile es un mega-evento en la mayoría de las ciudades del mundo. Aunque en aquel entonces, en retrospectiva, siendo una exhibición bastante pobre, el desfile del pueblo de Sligo era un acontecimiento muy grande para los niños como nosotros.
Consistía en una serie de carrozas, facilitadas por las pequeñas empresas locales, que desfilaban lentamente por las calles mientras nosotros aplaudíamos a cada una cuando pasaba. Las carrozas podían estar formadas por una banda de gaiteros, unos músicos o unos bailarines. Empresas de transportistas limpiaban sus camiones y furgonetas y los decoraban para el gran día. También había payasos, grupos de teatro o incluso algún equipo de fútbol dando patadas a un balón por la calle. Cuando terminaba el desfile nos íbamos a casa a comer. Cordero asado, ¿te acuerdas?
Lo que quedaba del día se solía pasar en los bares. Los músicos se juntaban e interpretaban música. La música tradicional irlandesa no era una opción de ocio para el público. Era una expresión de identidad entre los músicos. Canciones y temas alegres o melodías tristes y melancólicas seguidas por canciones sobre la emigración, la muerte, la vida … Por supuesto, esa expresión de emoción no solo se hacia el día de San Patricio, pero era más intensa ese día, ayudada, indudablemente, por las emociones patrióticas que el día suscitaba y por las abundantes cantidades de Guinness y whiskey irlandés que se consumían.
Hoy en día, el día de San Patricio se ha transformado, de la misma manera que Irlanda también lo ha hecho, y ahora es una oportunidad para promocionar a Irlanda en el extranjero como un destino turístico. Casi un millón de personas acude al ‘St. Patrick’s Festival’ en Dublín, una fiesta de cinco días con conciertos, desfiles, teatro al aire libre y fuegos artificiales. Gente de todas las etnias también celebra el día de San Patricio en todo el mundo. Son los llamados ‘Plastic Paddies’ que quieren ser irlandeses por un día.
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Publicado en http://www.weeklyletter.com con fecha 2008-03-13 17:30:00 +0100
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