
Europa me gusta mucho. Me ha gustado siempre. Pero no os lo creáis demasiado, es una simple preferencia personal. Todos los países y continentes tienen sus cosas positivas y negativas, pero Europa me ha atraído desde que tengo memoria.
Europa es la personificación de la compactibilidad. 712.000.000 de personas viven en 10.180.000 kilómetros cuadrados. En esa superficie de unos 50 países se hablan 230 lenguas. Me gusta. Me gusta el hecho de poder hablar muchas lenguas sin moverme de donde estoy. Me gusta el hecho de poder coger mi coche, conducir 15 minutos y estar en un lugar en el que se habla una lengua totalmente distinta. Crecí en Iowa. Para llegar a un sitio en el que se habla algo que no sea inglés hay que conducir 20 horas.
Estados Unidos es enorme pero muy uniforme a la vez. Esto hace la vida más fácil en muchos aspectos, pero también la hace más aburrida. La vida y la cultura pueden ser un poco diferentes, seguro, pero en esencia, alguien de Iowa vive la misma vida que alguien de Washington o Vermont, y hablamos la misma lengua, salvo algunas pequeñas diferencias. El inglés americano general se habla de Nebraska a Ohio, e incluso más lejos. El Euskera, por ejemplo, ¡cambia de casa a casa!
La cocina americana existe. Negadlo si queréis, pero existe. Y también tenemos cosas buenas para comer. Pero no se puede comparar con la variedad de platos que tiene cada región de Europa. Comemos queso cheddar y un par de otros; ¡solo Francia tiene uno para cada día del año! Piensa en la Denominación de Origen. Tenemos patatas de Idaho, maíz de Iowa y jamón de Virginia, pero pocos se molestan en garantizar que esos productos vienen verdaderamente de esos lugares. Europa tiende a pedir una mayor calidad en los alimentos, aunque últimamente esto esté cambiando. Espero que nunca cambie del todo. Por cierto, he oído que es debido a la influencia americana. No podéis echar la culpa de vuestra vagueza a los americanos. Si compráis comida precocinada o coméis comida rápida, es vuestra culpa, de nadie más.
Un inconveniente que le encuentro a Europa es que su larga historia ha hecho que su gente sea bastante intransigente en lo que se refiere a cambiar ciertas cosas. Es más fácil hacer las cosas como siempre se han hecho, que cambiar nuestras costumbres. No me refiero a temas sociales, Europa está a años luz de cualquier otro continente a ese respecto. Me refiero a cosas simples, cotidianas, como hacer la compra o renovar el pasaporte. Los europeos no son rápidos en cuanto a cambiar procesos, a modernizarlos. Los europeos acogen con agrado el cambio social, y se adaptan a él con facilidad. Pero no intentan cambiar hábitos. Ésta es la manera en la que hacemos las cosas. Ésta es la manera en la que siempre hemos hecho las cosas. Lo hacíamos de esta manera incluso antes de que vuestro país existiera. Claramente, nuestra manera de hacer las cosas es mejor.
Dicho esto, quizás no quiera que Europa cambie. Quizás puedo volver a como me enseñaron de pequeño, a que me guste la gente “tal y como es”.
¡Feliz Día de Europa!
(Traducción al castellano por el autor y Miren Zabaleta)
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Publicado en http://www.weeklyletter.com con fecha 2008-05-09 18:00:00 +0200
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